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¡Ah mis compatriotas!

Un día más en la producción de tv y acabo de pasar una de esas situaciones típicas del hondureño alucinado que tiene un poco de fama.
Hace unos minutos y como caminé por un pasillo para llegar al lugar donde me siento a trabajar. Como es habitual en mi, saludé a todas las personas que iba encontrando a mi paso hasta que llegué donde estaba una presentadora de un espacio televisivo que dura apenas quince minutos diarios, le dije: buenas tardes, esta persona en cuestión me mira con cara de arrogancia, levanta su ceja y me observa de pies a cabeza. Viví una situación típica en muchos hondureños acomplejados que vienen desde abajo y que quince minutos de fama los hace sentirse superiores a los demás.
Gracias a Dios mi Papá desde pequeñito me enseñó a saludar a todo el mundo, independientemente de su condición social y de su nivel de educación, y haré énfasis de nuevo: gracias a Dios, mi Papá me enseñó a ver a todos por igual y a tratarlos con mucho respeto.
Es triste la pérdida de valores que hay en nuestra actual Honduras.
Saludos desde Tegucigalpa.
Hugo

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